Centro Cultural y Tecnológico Museo del Automovilismo “Juan Manuel Fangio”

Museo Fangio

Mayores $150 / Menores (de 5 a 16 años) $90 / Jubilados $90 valores expresados en pesos ARG.

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Fangio por Juan Manuel Bordeu

La grandeza de Fangio ha ido de la mano de la actitud humana que él exhibía. Escuchándolo me di cuenta que tener voluntad, es fundamental para un corredor. La voluntad de tener continuidad aún en la adversidad, el tesón empleado, el no aflojar nunca, el entrenarse siempre. Todo esto me repetía durante los viajes. Me hablaba del respeto por el adversario: No hay adversarios chicos.



Me hablaba del trato que debía tener con los mecánicos: ‘Hay que ser amigo de los mecánicos. Ellos son los que te hacen la máquina, los que hacen la carrera con vos. Él logró impresionarme desde ese lado del automovilismo. Por ahí comprendí sus condiciones naturales que tenía en la vida para triunfar. Ese amor propio, su fortaleza física, esa tremenda fe en si mismo.

Fangio decía que a la gente se la conoce viajando, porque uno viajando convive. ‘Por un rato somos todos fenómenos', solía machacar. Es que él era muy observador sobre los comportamientos. Por ejemplo, si se trataba de comer, no le gustaba compartir la mesa con personas que pedían muchos platos. Para él, comer era algo que ayudaba a vivir, sólo para seguir andando. Se simplifica mucho dejando las pequeñas cosas a un costado.

Ni el éxito, ni los triunfos lo cegaron, ni le hicieron olvidar la parte humana de ese automovilismo que vivió. Por eso es el cariño que le tienen sus adversarios de entonces, los pilotos veteranos de Grand Prix. Eso es asombroso. Vi cómo lo trataban Villoresi, De Graffenried, Moss, Bira, Farina. Me di cuenta del afecto y del respeto que realmente le profesaban. Sus compañeros bromeaban con las ayudas que intentaba darle a cualquier piloto que se le acercara para pedirle un consejo: -‘Sí, a esa curva hay que entrar en quinta, a fondo'. Se lo decía a todo el mundo. Pero, claro, había gente que no entraba ‘ni en cuarta'... Era tan superior... Esa es la diferencia entre un buen piloto y un genio como él. Un dotado. Entonces no tenía reparos en contar a los demás las cosas que hacía en la pista. Lo que pasa es que después había que repetirlas tal cuál y eso no era posible para la mayoría. Por eso era tan respetado. Jamás escondía nada. Él decía cómo, les mostraba cómo y después en carrera que lo siguieran.

Fangio era además sorprendentemente auténtico y sencillo. Porque hay mucha gente que es sencilla, pero hay grados de sencillez. Yo creo que en Fangio he practicado la sencillez en su límite, propia de los grandes hombres. Eso se da en pocos. Ese aspecto de la personalidad de Fangio, provoca admiración porque la despliega en un mundo muy snob, muy frívolo, lleno de pequeños egoísmos y especialmente, nada menos que en ese mundo del gran lujo. Alguna gente confundió esa auténtica sencillez de Fangio con el amarretismo. Fangio tiene esa fama mal ganada. Es de una sencillez tan auténtica que mucha gente nunca lo entendió. Para graficar esto, voy a contar una anécdota. El conde Giovanni Volpi di Misurata es un hombre muy rico, de mi edad. O sea que era jovencito cuando Fangio estaba en actividad. A Juan no lo conocía. Fanático de Fangio, para él era un Dios. Un día de 1959 lo invitamos a tomar un café en el hotel Colombia, nuestro lugar de residencia en Milán. Cuando él llegó al hotel cerca de la terminal de ferrocarril ubicado en una cortada de dos cuadras, no podía creer que Fangio pudiera estar viviendo allí. No por la condición del hotel, sino por ser demasiado modesto para lo que Fangio era en el automovilismo. Entonces, cuando se retiró, me dijo:
-Mirá Juan Manuel. Sabés que soy dueño del hotel Príncipe di Savoia, entre otros. Allí les voy a reservar una suite, para todo el año. Para mi sería un honor, que Fangio viviese en mi hotel. Como correspondía, le comento a Fangio el ofrecimiento. "Es que el conde Volpi lo admira tanto", le subrayé como para convencerlo... y sobre el pucho me dijo...-Escuchá hermano, en el Principe di Savoia uno es un desconocido. Es tan grande. En cambio este hotel es como nuestra casa. Uno conoce a las mucamas, conoce al dueño, lo tratan a uno como si fuese de la familia.

En resumen, nunca nos alojamos en el Príncipe di Savoia. Yo tenía comprobado que había gente que se hacía lo imposible por estar en ese fastuoso lugar. Todos los corredores de F1 iban al Príncipe di Savoia cuando estaban en Milán. Era lo máximo de Europa...
Fangio no... el era un hombre de pequeños núcleos. ‘Pocos, pero buenos', como él acostumbraba definir. Le gustaba estar rodeado de afectos, disfrutaba del calor humano, de la amistad, del reconocer a quién deja su auto y a quién se lo estaciona o quien es la mucama que le arregla el cuarto... Ya pasaron veinticinco años desde que me trajo por primera vez al hotel Colombia y todavía nos cruzamos con la misma mucama de entonces, que en cuanto lo veía a Fangio, lo abrazaba y besaba. Era increíble. Siempre íbamos al mismo hotel y también al mismo restaurante a la vuelta de la esquina... Él tenía esa forma con las cosas.

Fangio, con el rico o con el pobre, estaba siempre igual. No tenía aposturas ni actitudes cambiantes. Lo he visto con el hombre más sencillo, con más pobre, lo he visto con Rainiero, lo he visto en el jet-set de los boliches de Paris, lo he visto en Turín con un rey de la industria como Agnelli, en una charla de dos horas... Y Fangio siempre igual. El respeto por el ser humano era siempre el mismo. Nada tenía que ver la riqueza o el poder, se trataba de una persona, buena o mala y en esto sí se permitía cosas. El que era malo -puede ser rico o pobre; le apuntaba con los cañones y se acababa para él. El que era bueno, fuera quien fuese, tenía con él un respeto asegurado. Con su trato igualitario con todos, demostraba un respeto por el ser humano muy difícil de conseguir en este mundo.
De él siempre recibí ejemplos claros. Me acuerdo que durante la Temporada Internacional organizada por "Automundo" fuimos a Rosario. El circuito estaba sucio. Todos se movían de un lado al otro, todos hablaban de eso, pero nadie hacía nada. Entonces, Fangio nos miró y dijo: -Vamos, muchachos...Tomó una escoba, y sin decir nada más, salió a caminar el circuito del Parque Independencia, a barrer la pista. Estaban los italianos, los franceses... todos se quedaron boquiabiertos. Entonces yo también tomé una escoba y salí a barrer detrás de él, luego vinieron otros y al final todos limpiamos. Vi que un fotógrafo le tomó una foto y se la pedí: Fangio con una escoba. Era el símbolo del que no tiene vergüenza de trabajar. Era el respeto por el trabajo del hombre. Para Fangio, el que barría era tan importante como el más encumbrado. No había diferencia... Pero atención: el que barría bien.... Porque él era muy duro en eso. A él le gustaban los hombres que hacían las cosas bien. El que daba su voluntad, su tiempo y su esfuerzo en la conquista de algo. No le gustaban los flojos... Como era de bueno, era de duro. Le interesaba el responsable, el que cumplía con las cosas. Durante mucho tiempo tuve en la biblioteca de mi casa esa foto de Fangio barriendo el circuito de Rosario. Es que los dirigentes no bajamos al ruedo de las cosas y nos limitamos a dirigir todo desde arriba... Ese día Fangio nos enseñó, que para mandar y que te respeten, había que estar en las cosas. Por eso es un gran educador para los jóvenes.

Cuando corría Turismo de Carretera con "La Coloradita", si a las cinco de la mañana había que estar en el taller de Toto en Balcarce para llevarle el motor a Polverino a Mar del Plata, yo estaba a las cinco de la mañana, lloviese o tronase, esperando que sacaran el motor para llevármelo. Si había que quedarse acompañando a los mecánicos, mientras trabajaban hasta altas horas de la noche, yo me quedaba. Yo no iba a dormir, ni a pasear, ni a bailar. Fangio observaba eso y era muy estricto al respecto. Le gustaba que todos compartieran el sacrificio, las horas de trabajo, las horas de vigilia. La única excepción, en lo que a mí se refería, era en vísperas de una carrera; entonces sí tenía que ir a dormir, sin pensar en nadie...
Ni te digo lo que era el trabajo entre semana sobre el auto de carrera...
-¿Cómo que el acompañante? -solía decir Fangio-. No, que lo asiente Juan Manuel.

Y allá salía yo en la 'Colorada', a ablandar el motor. Me envolvía las piernas en una frazada y me iba hasta Bahía Blanca, ida y vuelta a Balcarce, aprovechando las horas más frescas, las horas de noche en el invierno.

Si algún fin de semana me demoraba en Buenos Aires, ahí estaba él preguntando qué cuestión tan importante me había retenido, para no estar al lado de mis mecánicos. Fangio fue siempre muy disciplinado. Me hizo mucho bien porque me enseñó el real valor de las cosas.

Además nunca se achicaba. Tenía el compromiso de ir a un lugar e iba. El nunca dejaba de hacer, no posterga nada, ni por la hora, ni por el cansancio, ni por lo que fuera. Yo creo que esa disciplina lo debió ayudar mucho en los éxitos obtenidos. Y lo extraordinario es que hablaba con su ejemplo. Él hacía las cosas. No te iba a dar un consejo en el aire. El ejemplo era él... Podrá acostarse un día a las cinco de la mañana, pero si a las siete había que estar, ¡a las siete estaba! Sin discusión y sin quejas. Era muy raro escucharle decir ‘... hace frío, ... hace calor, ... tengo sueño, .... estoy cansado. Casi nunca dice lo que él siente. Era un estoico... Si abría la boca era para alentar. Nunca para mostrar las cosas malas de la vida. Siempre tendía a darte una mano, una palmada, te empujaba hacia adelante, como diciendo: ‘No le afloje, compañero, no le afloje'.

Miren qué detalle. Cuando yo empecé a ganar seguido en Turismo de Carretera casi nunca me llamaba. Recién al día siguiente de cada carrera nos veíamos y conversábamos de lo que había ocurrido. Pero cuando yo perdía, apenas llegado a mi casa Juan estaba al teléfono... Me llamaba porque había perdido. Ese es un pequeño detalle que pinta al hombre.

Otra imagen que tengo de cuando yo corría en Turismo de Carretera, es el verlo caminando despacio hacia el borde del camino, moviendo su mano al costado del cuerpo de arriba hacia abajo, con la palma hacia el suelo, diciéndome ‘tranquilo...'. Cuando todo el mundo me hacia señas de apurar porque se me venía alguien de atrás. Sólo quería decirme ‘tranquilo...', que no perdiera la calma, que definiera sin descontrol. Así lo recordaré siempre, con ese gesto que obligaba a la calma.

Eso si. Cuando perdía se ponía mal. Esto era por su tendencia a la perfección. Ahí le funcionaba su terrible amor propio. La ‘Coloradita' es el auto que había hecho su hermano... el auto que manejaba yo... Era Balcarce... Si el auto llegaba a parar por alguna pequeña cosa, ahí si, reunión al otro día, en el taller. -¿Y por qué se rompió, Toto?'. Siempre era la pregunta en buenas maneras... ‘¿Y por qué se rompió, Polverino?'. Ninguno de ellos era de contestar cualquier cosa, pero si a algún otro se le llegaba a escapar una excusa por el estilo de ‘los fierros son los fierros', el sermón bajaba implacable. Les decía: ‘Acá no existe esa de los fierros son los fierros. Los coches se rompen cuando están mal armados. Si un coche está bien armado no tiene por qué romperse'. Lo mismo si alguno le quería adjudicar a la ‘mala suerte' que se hubiera aflojado algún bulón o alguna tuerca. Decía ‘...que mala suerte ni qué ocho cuartos'

En suma, para los que tuvimos la oportunidad conocer a fondo a Juan Manuel Fangio, esta relación ha sido un placer que nos regaló la vida.


Muerte de Juan Manuel Bordeu por Juan Manuel Fangio

Qué vió en Bordeu para confiar en él?
Consideré que era un muchacho que no vivía solo de ilusiones. Recuerdo que pensé: si hace este viaje a Europa debe ser porque se tiene fe, que debía tener condiciones. Me dio confianza su modestia y no me equivoqué. Fuimos amigos hasta los últimos momentos de su vida y eso durará siempre...

Qué lugar ocupó él en su vida?
Uno conoce a la gente cuando convive con ella, y con Juan compartimos muchas cosas. Lástima que no haya podido concretar su sueño en Europa, su accidente en Goodwood en 1962, lo frustró todo.

Qué fue para usted?
Como un "pollo". Cuando se canceló el tema de Europa, le dije a mi hermano Toto y a Polverino: vamos a hacerle un auto a un muchacho que conozco. Con él vamos a andar bien... ganar carreras, qué se yo...

Cómo fueron los últimos momentos que compartieron?

Me acuerdo que cuando estuvimos en USA durante un mes, poco antes de declarársele la enfermedad, estaba muy cansado, creo que no sospechaba su mal ... tuvo un final triste, es muy triste sufrir tanto para morir.

Qué le dejó su muerte?
Mirá. Juan no ha muerto. Por mi actividad he sufrido muchas desapariciones de gente muy querida que nunca ha muerto para mí. Juan es uno de ellos... esto durará para siempre. Cuando nos juntemos con sus amigos, haremos las cosas que sabíamos que a él le gustaban, tal como si estuviera entre nosotros ¿y sabés porqué? porque en realidad va a estar.



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www.balcarce.gov.ar Juan Manuel Fangio

HORARIO

Abierto de de lunes a viernes de 10.00 a 17.00 hs. - Fines de semana y feriados de 10.00 a 18.00.
Marzo de 10.00 a 18.00

Valor de las entradas:

  • Mayores $150
  • Menores (de 5 a 16 años) $90
  • Jubilados $90
* valores expresados en pesos ARG.

Producido Por Fundación Fangio Desarrollado por Osmosis